Se entiende por biomasa el conjunto de materia orgánica, de origen vegetal o animal, y los subproductos que proceden de su transformación natural o artificial. En esta definición se incluyen los residuos procedentes de las actividades agrícolas, ganaderas y forestales, así como los subproductos de industrias agroalimentarias y de transformación maderera.

Combustible biomásico

La legislación actual en el contexto de la biomasa es la clave para su desarrollo y debe asegurar la viabilidad económica del sector. Debe quedar clara la diferencia entre la biomasa utilizada para la generación de energía eléctrica y la biomasa utilizada para la generación de energía térmica.

Los detractores de la energía biomásica apuestan por las tecnologías convencionales, apoyándose en los precios más económicos con los que es posible generar la energía eléctrica, en contra de las energías renovables que necesitan inyección económica de las instituciones para que sean rentables.

Por el contrario, los partidarios de las energías renovables basan su argumento en que tal vez no se pague o no esté tasado correctamente lo que cuesta contaminar con las tecnologías convencionales. En otras palabras, existe una situación de desprotección y contaminación del medioambiente, a favor de tener unos precios bajos de la energía que consumimos, sin tener en cuenta el coste medioambiental que esto supone.

Teniendo en cuenta lo establecido hasta ahora, parece que actualmente prima el precio de la energía sobre la contaminación o sobre la responsabilidad que hay que tener en el aprovechamiento de medios naturales, todo ello en un mundo globalizado en el que la competitividad tan alta hace que contaminar el planeta sea algo tolerado, que parece admisible, que no está mal visto y que parece cosa de unos pocos obsesionados con proteger el medio ambiente.

Debido a los hechos comentados hasta ahora y a la dificultad de introducir nuevas tecnologías en una sociedad no acostumbrada a tener en cuenta los aspectos medioambientales, los responsables gubernamentales se han esforzado para establecer legislaciones que permitan reducir el coste medioambiental de la generación de energía y en consecuencia reducir el factor llamado “huella ecológica” que mide el impacto ambiental generado por la demanda humana para generar los recursos necesarios, relacionándola con la capacidad ecológica de la Tierra para regenerar dichos recursos.

Referente a los aspectos medioambientales de los sistemas de biomasa, estos sistemas poseen ventajas frente a las energías convencionales, como pueden ser:
– Tienen un balance casi neutro de emisiones de CO2.
– Provocan la reducción de gases de efecto invernadero gracias a que es un sustituto de los combustibles fósiles.
– Es una fuente renovable e inagotable de energía.
– Es una fuente de energía autóctona, su uso reduce la dependencia energética exterior.
– Favorece el equilibrio regional al ser un recurso repartido por el conjunto del territorio.
– Contribuye a la diversificación energética y a la generación distribuida.
– Genera más empleo local que las energías convencionales, a través de fabricantes, instaladoras, etc.
– El uso de la biomasa aporta beneficios gracias al mantenimiento y limpieza de las zonas madereras, favoreciéndose la reforestación.
– Existe una elevada disponibilidad del recurso.
– Se reducen los daños por incendios.
– Se revalorizan de los residuos.

Respecto a las emisiones de gases, se pueden comparar las emisiones que se generan por una caldera de biomasa con otros sistemas de energía basados en combustibles fósiles.

Emisiones generadas en mg/kW·h de energía suministrada

Según los datos indicados en la tabla de la imagen anterior, se puede establecer que las calderas de biomasa son las que tienen unas emisiones más bajas de SO2, emisiones levemente más altas de NOx y CO y emisiones superiores, pero dentro de los límites aceptables, de partículas.
Sin embargo si se analiza el ciclo de vida del proceso completo, es decir teniendo en cuenta las fases de producción, transporte, secado…que también contribuyen a las emisiones totales, los resultados obtenidos para los casos de combustibles biomásicos son notablemente mejores como puede visualizarse en la tabla de la siguiente imagen:

Emisiones-año del ciclo de vida completo

Teniendo en cuenta el ciclo de vida completo del combustible, se puede establecer que las astillas y los pellets cumplen mejor con la limitación de emisiones de CO2 y CO. Sin embargo, las emisiones de SO2, causante de la lluvia acida, son significativamente más bajas que en el caso de calderas de gasóleo, pero levemente más altas que las calderas de gas. Por otra parte, las emisiones de partículas son levemente más altas, pero su cantidad continúa siendo aceptable ya que se halla dentro de los límites aceptables.

Podríamos afirmar que existe una gran cantidad de razones por las cuáles se aconseja el uso de sistemas de calefacción mediante biomasa, entre éstas destacan el menor precio del combustible y su mayor estabilidad en el mercado al no depender de fluctuaciones del mercado exterior.

Por otra parte, las instalaciones de biomasa en sus diferentes formas son respetuosas con el medio ambiente ya que presentan emisiones reducidas de contaminantes a la atmósfera y prácticamente no contribuyen al efecto invernadero por tener un balance casi neutro de CO2.

Balance casi neutro de la biomasa

Mientras la generación de energía eléctrica a partir de la combustión de la biomasa todavía no tiene una rentabilidad clara, el funcionamiento y rentabilidad en el caso de sistemas de producción de calor y agua caliente sanitaria están totalmente demostrados.

La producción de la energía térmica se puede realizar mediante distintos tipos de estufa o caldera:
– Estufas que calientan una única estancia, normalmente el combustible biomásico utilizado son pellets o leña.
– Calderas de baja potencia para viviendas unifamiliares o construcciones de tamaño reducido.
– Calderas diseñadas para un bloque o edificio de viviendas, actúan como calefacción centralizada.
– Centrales térmicas que alimentan varios edificios o instalaciones (District heating).

En la actualidad existen una gran variedad de biocombustibles sólidos viables para la generación de energía térmica con el fin de aclimatar edificios. Los tipos de biomasa comerciales más empleados para ser utilizados en sistemas de calefacción biomásicos son los siguientes:
– Pellets, producidos industrialmente.
– Astillas, provenientes de las industrias madereras o de tratamientos forestales (podas, cultivos energéticos…)
– Residuos agroindustriales, especialmente cáscaras de frutos secos y huesos de aceituna.
– Leña o briquetas.

Cómo es lógico cada uno de los combustibles posee unas propiedades y características propias. Los parámetros más importantes que diferencian los distintos tipos de combustible biomásico son la humedad, el poder calorífico y el contenido en cenizas. El tamaño del combustible también es importante ya que es un parámetro a considerar a la hora de diseñar el sistema de alimentación de la caldera de biomasa.
A la hora de considerar los aspectos económicos de una instalación de biomasa, se debe tener claro que ésta será económicamente viable a medio plazo. Los biocombustibles son significativamente más baratos que los combustibles convencionales, sin embargo el precio de las calderas de biomasa también es más elevado, incrementando los costes de inversión considerablemente.

Caldera de biomasa

Si se compara el coste del combustible necesario para producir una cantidad determinada de energía mediante de gasóleo y mediante pellets, se obtienen las siguientes conclusiones:

– Aproximadamente se necesita el doble de combustible en el caso de los pellets que en el caso del gasóleo.
– El precio medio de los pellets es aproximadamente 4 veces inferior que el precio de gasóleo.
– Si se está utilizando el doble de combustible a un precio 4 veces inferior, se puede establecer que utilizando un combustible biomásico, el coste de producir la misma cantidad de energía se reduce a la mitad.

Una vez comprobada la viabilidad económica del combustible biomásico a medio plazo, se puede establecer que éstos sistemas son de muy recomendable uso en los casos en que es posible realizar una instalación fácil y sin modificaciones estructurales ni de espacios, es decir en los casos en que se disponga de espacio suficiente para la instalación de los equipos térmicos y de almacenamiento del biocombustible, o bien en instalaciones nuevas.

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