El encarecimiento de la energía ha evidenciado aspectos que no contemplaban en la edificación, tales como la eficiencia energética (estrategias activas, pasivas, bioclimáticas o autoproducción), la comodidad (calidad del aire interior y el confort climático) o la sostenibilidad (bajo impacto ambiental, emisiones de CO2, la economía circular y proximidad o el ciclo de vida de los materiales y del proyecto). Es necesario priorizar nuevos propósitos para mejorar nuestro futuro y la arquitectura sostenible parece ser una vía para conseguirlo.

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“Errare humanum est, perseverare autem diabolicum”. Esta afirmación de tiempos de Séneca puede traducirse por “Errar es humano, pero perseverar (en el error) es diabólico”. El motivo de referenciar esta expresión radica precisamente en la necesidad de dejar atrás ciertos errores en la construcción. En ejecución, empleamos materiales que contribuyen al cambio climático debido a las emisiones generadas durante su producción, ejecución y uso. En fase de diseño, no es frecuente (salvo que se elabore bajo criterios de certificaciones sostenibles o energéticas) pensar cuánto costará mantener un edificio energéticamente. Mucho menos, reformarlo con el paso del tiempo, demolerlo y gestionar sus residuos de manera eficiente. Facilitando reciclarlo o incluirlo en procesos de economía circular en la construcción de nuevos edificios u otros usos.

“Si la pandemia sanitaria había evidenciado que la mayoría de las viviendas no son cómodas, la nueva crisis energética demuestra que no son eficientes”

Climatizar o emplear agua caliente sanitaria es más caro que nunca debido al coste de la electricidad. Llegando a cuestionarnos si nos podemos permitir económicamente encender la calefacción, el aire acondicionado, o incluso, cocinar o ducharnos. Desplazando criterios prioritarios en el pasado para diseñar o escoger una vivienda (diseño exterior, tamaño o acabados y calidades) a un segundo plano.

Durante años, el desarrollo de materiales, tecnificación de procedimientos y digitalización de la construcción, fomentó la construcción industrializada. Hecho reforzado por la metodología BIM y el alcance de varias dimensiones (3D, 4D, 5D), organizando gran cantidad de información, reduciendo errores de ejecución y minimizando desperdicios. Por ello, se ponía cómo objetivo ser cómo la industria automovilística, por su capacidad de producción en cadena con reducidos tiempos, alta calidad y precisión. Sin embargo, los proyectistas y promotores no compartían las mismas preocupaciones la industria automovilística. El consumo de combustible no se presentó como una cuestión prioritaria hasta el encarecimiento del petróleo y derivados.

“Saber cuánto costará y consumirá una vivienda, como pasa con los automóviles, actualmente es la mayor preocupación de los actuales y futuros propietarios”

La concienciación medioambiental de la sociedad, cada vez más comprometida con nuestro entorno, promueve la toma de decisiones de diseño y consumo eficientes. Muestra de ello es la creciente demanda de materiales menos contaminantes, provenientes de fuentes sostenibles. Es en este contexto que el sector de la construcción está siendo transformado y requiere que los todos los agentes sepan reconocer y optar por nuevas (y en muchos casos, tradicionales) estrategias pasivas y de bajo consumo. 

La necesidad de dar respuesta a estas cuestiones coincide no solo con la conciencia que hemos tomado de que contamos con recursos finitos sino también con el análisis de cómo repercuten los residuos no reciclados en el ecosistema. Para hacer frente a estos cambios, el desarrollo tecnológico y la digitalización en las diferentes etapas constructivas a partir de la metodología BIM resulta ser una pieza fundamental. Además, también es posible generar un gemelo digital o digital twin del futuro proyecto, desarrollar simulaciones sobre las cantidades exactas de materiales, controlando el desperdicio y aumentando la eficiencia en el proceso constructivo.

“Con un modelo BIM completo y con un LOD elevado, podemos medir realmente si un edificio es sostenible”

Tanto la metodología BIM como las nuevas tecnologías resultan de valor siempre que se desee contar con parámetros y datos relacionados con la demanda energética e impacto global del proyecto en el medioambiente. Es decir, con un modelo BIM completo y con un LOD elevado podemos medir si un proyecto ha sido planteado desde el punto de vista de la arquitectura sostenible. También es posible cuantificar las emisiones de gases contaminantes (CO2 entre otros) del propio proceso constructivo y del ciclo de vida (ACV) de los materiales y el inmueble. Esto último resulta indispensable para diversas certificaciones energéticas y medioambientales. De hecho, es cada vez más importante conseguir el balance energético en Kwh/m2año en la zona geográfica exacta, a través del estudio de la demanda (cuánta energía consumirá) determinada por la compacidad, orientación, continentalidad, aislamiento, ventilación, inercia térmica, consumo de agua e infiltración. Esto último, resulta indispensable para conseguir la certificación Passivhaus, debido a la alta exigencia de renovaciones de aire por hora del edificio (0,6 Ren. /h a 50Pa).

“Equilibrar diseño, bajar demanda energética y aplicar estrategias pasivas a partir de la arquitectura sostenible requiere precisión y estudio en detalle”

El objetivo final es mejorar nuestros proyectos (edificios de toda clase) para una mejor experiencia final por parte de los usuarios. Esto significa hacer construcciones más eficientes, menos contaminantes, con menor consumo y fácilmente reparables o desmontables para reutilizar sus componentes. Para conseguir estos resultados es necesario tener formación y conocimiento profundo de herramientas digitales, así como información amplia y precisa sobre multitud de parámetros. Solo así será posible responder a todos los requisitos (diseño, eficiencia, sostenibilidad de materiales, bajo consumo energético, posible autoproducción energética y minimizar el impacto en su producción).

Es en este contexto que adquiere protagonismo otra cita popular: “No es mas rico el que más tiene, sino el que menos necesita”. Es decir, el edifico mejor proyectado no es aquel con una alta demanda satisfecha con fuentes sostenibles. Sino aquel que, gracias al estudio preciso de estrategias bioclimáticas y pasivas, cuenta con la misma calidad y confort, pero menor consumo y demanda energética. 

“Diseñar a partir del entorno a partir de la arquitectura sostenible, empleando soluciones que aprovechen la climatología para la renovación del aire y climatizar el interior es el horizonte del diseño sostenible”.

Si con la arquitectura sostenible minimizamos la demanda de energía, con la correcta elección de materiales reduciremos la repercusión en el medioambiente. Materias primas del entorno que fomenten la economía e industria de proximidad, reciclables, reutilizables (animando la economía circular) y con emisiones bajas, nulas o negativas. La sostenibilidad supone un cambio de paradigma de los requisitos y exigencias por parte de las normativas y la sociedad. Mejorar la eficiencia, reducir los consumos y minimizar el impacto en el planeta. Metas alcanzables gracias al desarrollo industrial, digital y tecnológico. Pero, sobre todo, por nuestra voluntad y concienciación de que debemos cambiar, consumir menos y cuidar nuestro planeta. En conclusión: «Errar es humano, reconocerlo divino, y rectificar es de sabios».ley calidad arquitectura


Jose Manuel Caamaño González.

Arquitecto técnico. Project Manager y coordinador BIM en Retail.

 

 

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