El urbanismo ajedrezado de Ildefons Cerdà, ingeniero y urbanista barcelonés quien diseñó y reformó la ciudad condal con el Pla Cerdà allá en 1860, vuelve a ser escenario de prueba para convertirla en una urbe más sostenible. Si bien hace unos años lo vimos con el proyecto de Superbloques del barrio de Poblenou, ahora, la propuesta deriva a gran escala en uno de los distritos que el propio Cerdà creó: la Eixample, conocida originalmente como Ensanche.

En este artículo vamos a escarbar en las raíces de este espacio urbano, desde su concepción hasta las problemáticas que ha arrastrado, y arrastra la ciudad a día de hoy. De ahí, terminaremos analizando al detalle la “Superilla de l’Eixample”, un proyecto Smart que aboga por reducir la contaminación y mejorar la movilidad de una de las ciudades con peor calidad de aire del país. Barcelona tiene que demostrar que es una Smart City, y en ello está.

El tablero: una estructura en cuadrícula, abierta e igualitaria 


Determinar que la morfología urbana de la Eixample de Barcelona se basa en los criterios del plan hipodámico es algo instantáneo si la observas desde un avión. Pongámonos en situación: ¿en qué momento Barcelona se configuró casi como un tablero de ajedrez? Todo se remonta en el Siglo XIX (1841), cuando el Ayuntamiento de Barcelona convocó un concurso con el objetivo de promover el desarrollo de la ciudad, en el que se propusieron varios proyectos que apostaban por una expansión de la entonces amurallada ciudad. De esta manera, el Pla Cerdà, portador de un lenguaje urbano próspero y optimista, saldría adelante imprimiendo a la ciudad un carácter geométrico muy centrado en aspectos higienistas y de movilidad.

Superilles

Ejes originales de planificación de l’Eixample / Orientación de las manzanas de L’Eixample / Diseño de los cuadriláteros de las manzanas de l’Eixample

Esa nueva configuración, que tardó casi un siglo en materializarse, aprovecharía al máximo la dirección de los vientos para facilitar la oxigenación y la limpieza del aire. Asimismo, proponía una cuadrícula continua de manzanas de 113,3 metros, desde el Besós, hasta Montjuic (polos opuestos de la ciudad) dotada de chaflanes de 45º para permitir una mejor visibilidad. Urbanismo inteligente.

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Diseño y agrupación de las manzanas

Con todo, la búsqueda de la homogeneidad que perseguía el plan, ya no solo residía en la igualdad entre clases sociales, sino en la comodidad del tráfico y las personas. De ahí que el concepto de movilidad sea un aspecto tan reseñable en el proyecto de “Superilla de l’Eixample”. Para entender un poco mejor su peculiar geometría, vemos cómo Cerdá concibió dos formas básicas en los espacios de cada manzana para situar los edificios. Una presentaba dos bloques paralelos situados en los lados opuestos, dejando en su interior un gran espacio rectangular destinado a zonas ajardinadas, mientras que la otra presentaba dos bloques unidos en forma de «L» situados a dos lados contiguos de la manzana, quedando en el resto un gran espacio cuadrado también destinado a jardín.

Mutación histórica de la movilidad: del tranvía a la bicicleta, pasando por el boom automovilístico 


En términos de tráfico y movilidad, también conviene echar la vista atrás para ver el proyecto de las Supermanzanas de La Eixample con perspectiva. No fue hasta el año 1950 que la extensa red de tranvías de la ciudad empezó a experimentar una serie de problemáticas urbanísticas directamente relacionadas con el crecimiento de la población. Debido a las crecientes olas demográficas hacia el área metropolitana, la red original de tranvías fue progresivamente reemplazada por la presencia del vehículo privado, los nuevos autobuses y, en general, el boom automovilístico. En 1971, la red antigua de tranvías desapareció definitivamente. A día de hoy, el único legado que permite remontarse a esa época es el Tramvia Blau, con punto de partida en Plaza Kennedy.

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Urbanismo táctico. Calle de l’Eixample de Barcelona.

L’Eixample, como distrito céntrico por el que históricamente han circulado y circulan miles de vehículos, y por la que cruzan algunas de las principales arterias de la ciudad, es desde luego un escenario en el que el tráfico debe pacificarse.

Con el contexto histórico sobre la mesa, y sin perder de vista la estrecha relación que guarda el tráfico con la contaminación, la propuesta de les Superilles de l’Eixample nace con la voluntad de revertir ya no solo la problemática del sobre exceso de espacio al tráfico rodado, sino a los males endémicos que este acarrea: en última instancia, la contaminación y el daño a la salud pública. Con respecto a cómo la ciudad maneja los niveles de NO2 y PM10, lo dejamos para otro capítulo.

Superilla de l’Eixample: la jerarquización de la red viaria 


Las Superilles se forman aproximadamente entre 4 y 5 manzanas, y en su interior se reduce al mínimo el tráfico motorizado, así como las zonas de estacionamiento para vehículos en superficie, dando así prioridad máxima a los viandantes en el espacio público. De esta forma, las Superilles acaban convirtiéndose en la unión entre urbanismo y planificación de la movilidad, siempre con el objetivo de de limitar la presencial del vehículo privado en el espacio público.

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Mapa de la «Superilla Barcelona». Proyecto transformador de Cerdà.

Características:

Sin lugar a dudas, el proyecto como tal se traduce en una mejora de la calidad urbana, dado que reduce el impacto ambiental y aumenta la calidad de vida de los vecinos y visitantes. Además, también incrementa la cohesión social y la actividad económica. Para verlo, tan solo tenemos que analizar la zona de Sant Antoni y ver cómo, en efecto, todos estos factores actúan de verdaderos dinamizadores urbanos. Entre los rasgos principales del proyecto, distinguiríamos los siguientes:

  • Accesibilidad universal: plantea calles de sección única.
  • Seguridad: Debido a la limitación de velocidad exigida a 10 km/h.
  • Habitabilidad: Con estas medidas se incrementa su potencial como zona. A efectos prácticos, su confort sale ganando.

Para convertir este gran proyecto de Cerdà en el nuevo gran eje verde de Barcelona hay que seguir apostando por el urbanismo táctico, fórmula de transformación urbana sencilla que permite cambiar el uso de un espacio con elementos temporales y económicos. Se trata de un concepto que, de hecho, no es nuevo, pues basta con observar ciudades como París, Nueva York, Viena o Milano («Strade Aparte» sin duda es otro proyecto que merece un artículo) para ver que éste es una clara apuesta entre las Smart Cities actuales.

En resumen: el urbanismo táctico establece estrategias a largo plazo, por lo que precisa de intervenciones tácticas para corregir las carencias de un modelo convencional, estableciendo herramientas y medidas de rápida aplicación, que reduzcan costes y, sobre todo, que propongan soluciones temporales a los problemas detectados. En este caso, propone un modelo alternativo para conseguir una regeneración urbana que funcione principalmente a pequeña escala. Y, como hemos visto o, mejor dicho, estamos viendo, un proyecto táctico puede llevar a cambios positivos en todo un barrio.

Fuentes: 1. Hilo documental de Guillem: https://twitter.com/Foskopolitano/status/1329039698975715329 2. Wikipedia Plan Cerdà: https://es.wikipedia.org/wiki/Plan_Cerd%C3%A1 3. Ajuntament de Barcelona: https://ajuntament.barcelona.cat/superilles/es/ 

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