La tipología estructural más habitual actualmente en naves industriales es la de pórticos planos de una altura entre los que se colocan correas sobre las que va la cobertura final.

Los pórticos pueden ser de concreto/hormigón prefabricado, de madera laminada o de acero, en cuyo caso pueden estar formados por perfiles laminados comerciales, por perfiles armados –generalmente con canto variable- o incluso por celosías, dependiendo de la luz y de la tecnología disponible.

Según cómo se resuelvan los apoyos y las conexiones entre vigas y dinteles, podemos clasificar los pórticos en cuatro tipos fundamentales:
A. Pórtico con nudos rígidos y bases empotradas
B. Pórtico con nudos rígidos y bases articuladas
C. Pórtico triarticulado: bases articuladas y articulación en cumbrera.
D. Pórtico con bases empotradas, cumbrera rígida y articulación en hombros

Veamos la deformada y los diagramas de momentos flectores en cada caso, colocando las mismas secciones y cargas.


El pórtico rígido y el biarticulado se comportan de manera aparentemente similar, aunque hilando un poco fino encontraríamos diferencias sustanciales, como la aparición de momentos flectores en la base del primero.
El pórtico triarticulado destaca por su deformabilidad y por sus enormes flectores en los hombros.
El pórtico con hombros articulados sufre especialmente en el dintel, con momento positivo importante y una flecha notable.
Si analizamos el comportamiento a viento el panorama cambia.

El pórtico rígido sufre importantes momentos flectores en la base de los pilares, que condicionarán enormemente la cimentación; a cambio, es el menos deformable.
El pórtico biarticulado es, a igualdad de perfiles, mucho más deformable y sufre importantes momentos en los hombros, pero obviamente la cimentación no recibe momentos flectores.
El pórtico triarticulado vuelve a ser el más deformable y sufre igualmente grandes flectores en los hombros.
El pórtico con hombros articulados es el que transmite mayores flectores a cimentación y, al contrario que ocurre con el pórtico rígido, no se pueden reducir aumentando inercia.

En muchas ocasiones la elección está condicionada por criterios constructivos:
Los pórticos de nudos rígidos, A y B, son los más frecuentes en estructura de acero. Puede resultar más adecuado uno u otro en función de las dimensiones, las condiciones del terreno y las posibilidades de arriostramiento.

Los pórticos triarticulados se pueden utilizar en casos en grandes luces, por su menor sensibilidad a asientos y acciones térmicas, pero son infrecuentes. Actualmente se usan también en estructuras de madera laminada, en las que pilar y dintel se forman con una sola pieza curvada y la cumbrera se articula, dada la dificultad de conseguir uniones rígidas en madera.

Los pórticos con bases empotradas y articulación en hombros son habituales en hormigón prefabricado, ya que las uniones rígidas resultan complejas.

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