Las ciudades inteligentes necesitan una base inteligente. Después de una década de prueba y error, los líderes municipales se están dando cuenta de que no se trata sólo de instalar interfaces digitales en la infraestructura tradicional o de racionalizar las operaciones de la ciudad. Las verdaderas estrategias de las ciudades inteligentes empiezan con la gente, no con la tecnología. Se trata de utilizar la tecnología y los datos para tomar mejores decisiones y ofrecer una mejor calidad de vida.

En la actualidad, sólo tenemos una idea de lo que la tecnología podría hacer en el entorno urbano. En el post de hoy, Albert Mateu, profesor del Máster Internacional Smart City Manager de Zigurat, habla de dos aspectos de las infraestructuras inteligentes: la recogida de residuos urbanos y la provisión de agua.

Recogida de residuos urbanos: en necesidad de modernización

En lo que se refiere a la recogida de residuos, en los últimos 200 años no ha cambiado mucho: los ciudadanos siguen depositando los residuos en las calles o cerca de sus casas y el transporte especializado viene a recogerlos.

Según Albert Mateu, las ciudades tienen que readaptar las infraestructuras urbanas en función de su evolución. Es dentro de estas mejoras donde aparece una solución a la recogida de residuos. Si prácticamente todos los demás servicios de la ciudad (agua, gas, electricidad, telecomunicaciones, calefacción, saneamiento, etc.) dependen de las conducciones ¿por qué no podemos utilizarlas también para los residuos?

Mateu habla de un sistema en el que los ciudadanos depositan las bolsas dentro de escotillas o cajas que, a su vez, están conectadas a una larga red de tuberías subterráneas. A varios kilómetros de distancia, un edificio con una “aspiradora gigante” chupa las bolsas. Desaparecen los contenedores y los camiones de recogida.

En los últimos años, hemos sido testigos de varias innovaciones que han dado una nueva forma a esta tecnología. Han aparecido sistemas con más capacidad, menor coste, mayor rendimiento y eficiencia, menor consumo de electricidad y mayor facilidad de instalación. Hoy podemos encontrar más de 1.000 sistemas en operación en todo el mundo.

La llamada “Recogida Neumática 2.0” es una verdadera “Smart Infrastructure” que se está impulsando fuertemente en ciudades comprometidas con la sostenibilidad, el cambio climático, la resiliencia urbana y los servicios prestados. Pero, sobre todo, este cambio podría ser significativo para el ciudadano, que es el verdadero protagonista de las ciudades.

La desalinización: una solución de nueva generación para obtener agua dulce

Se prevé que pronto las grandes metrópolis se enfrenten a graves problemas de provisión de agua debido principalmente a un aumento de la demanda y a una mayor escasez de recursos naturales (lo llamado balance hídrico deficitario).

Todos estamos más o menos familiarizados con la solución de reutilizar las aguas residuales y la escorrentía urbana, lo que significa utilizar aguas frescas (debidamente tratadas) una y otra vez, para ese fin. Y sin duda, la reutilización de agua puede satisfacer muchas de las necesidades de una ciudad, como la limpieza urbana o el riego de jardines, el reabastecimiento de aguas superficiales y recarga de acuíferos, la demanda de agua de negocios e industria y ciertas necesidades residenciales no potables (reutilización indirecta).

Sin embargo, tomando en cuenta las necesidades futuras de agua potable, hay que buscar otras técnicas que puedan tener mayor impacto positivo sobre el futuro de las ciudades. Albert Mateu propone la desalinización como una solución de nueva generación para obtener agua dulce.

desalanizacion
Esta técnica consiste en la extracción de los componentes minerales del agua salina para producir agua dulce apta para varios usos obteniendo como subproducto la sal, siendo la osmosis inversa la tecnología más usada actualmente.

Sin embargo, debido a su alto consumo energético (un promedio de 3 kWh / m3) y a los costos de infraestructura y mantenimiento asociados, la desalinización es bastante más costosa que la obtención de agua dulce de ríos o aguas subterráneas.

Otros factores que se deberían tener en cuenta hablando de la desalinización son impactos ambientales adversos y cómo minimizarlos. Por ejemplo, el uso de energías renovables para alimentar las plantas de desalinización permite minimizar las emisiones de gases de efecto invernadero y concentrar las captaciones de agua salada lejos de áreas biológicamente productivas para evitar el atrapamiento y arrastre de organismos marinos.

Albert Mateu concluye que la desalinización juega un papel crucial en la cartera de opciones de suministro de agua. Sin embargo, debe considerarse como una más entre las demás opciones. Sobre todo, las ciudades tienen que entender que no es concebible un simple aumento de la producción de agua (por cualquier método y a cualquier coste) sin una potente acción en la reducción de consumo y el aumento de la reutilización de las aguas residuales.

Autor: Albert Mateu. Profesor del Máster Internacional Smart City Manager

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