Hablar de ciudades inteligentes está de moda, pero hace tiempo que ha dejado de ser una utopía pasajera para convertirse en un plan de acción para un futuro prometedor. Durante el mes de febrero hemos cubierto en nuestro blog varios ejemplos de éxito de su implementación.

Hemos hablado de la trayectoria de Barcelona, que se ha convertido en una referencia para las demás ciudades, buscando iniciarse en el camino de convertirse en una ciudad inteligente. También hemos explorado Sidewalk Toronto, un proyecto único que prevé la construcción de un barrio inteligente visionario de 325 hectáreas a las orillas del lago Ontario. En el último estudio de caso hemos cubierto varios proyectos de futuras ciudades inteligentes en México y los esfuerzos que están haciendo grandes urbes como la Ciudad de México y Monterrey para mejorar la calidad de la vida de sus ciudadanos a través de los nuevos recursos inteligentes.

En este artículo toca hablar de otro aspecto importante de las smart cities, uno que muchas veces queda en segundo plano, que es el impacto social que llega a tener la implementación meditada de las estrategias de una ciudad inteligente.  

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Más allá de sonar bien

Smart es un adjetivo anglosajón que viste mucho y, a veces, puede parecer que lo usamos de manera excesiva para sonar más sofisticados. Por ello, debemos entender que una ciudad inteligente – una auténtica smart city – no es una ciudad dominada por aplicaciones, como cámaras de seguridad que siguen cada paso que damos. Al contrario, es una urbe que usa las nuevas tecnologías y recursos inteligentes para solucionar los problemas más candentes de la ciudadanía. En el post de hoy nos enfocaremos en la dimensión social de las ciudades inteligentes.  

Cuando se propone un nuevo plan de rehabilitación urbana, los desarrolladores y los funcionarios de la ciudad tienen normalmente tres preocupaciones principales.

  • Cómo se financiará el desarrollo y, a su vez, qué beneficios económicos puede aportar.
  • El impacto ambiental de la infraestructura urbana y su propia sostenibilidad.
  • Cómo obtener el apoyo de las partes interesadas locales para implementar el proyecto.

Con las dimensiones ambientales, económicas y de gobernanza del desarrollo sostenible consideradas, la dimensión social es a menudo una prioridad más baja.

Aunque los desarrolladores a veces evalúan los impactos sociales y de salud de los planes establecidos, la mayoría de las veces no integran los factores sociales en la planificación y el diseño. Las ciudades son lugares dinámicos. Las áreas públicas, la vivienda y los centros de transporte ofrecen oportunidades únicas para que los desarrolladores creen impactos potencialmente positivos y beneficios sociales que incluyen fortalecer los lazos comunitarios, permitir el acceso a empleos y hacer que las calles sean más seguras para todos.

Buenas prácticas para mejoras sociales

En seguida observamos algunos casos cómo los diseñadores y constructores pueden integrar los objetivos sociales en las etapas clave de los planes de desarrollo, desde la concepción del proyecto y las opciones de diseño, hasta la monitorización y la evaluación continuos para brindar beneficios sociales duraderos a las comunidades. Esta idea de ‘sostenibilidad social’, su funcionamiento exitoso y la existencia a largo plazo de las comunidades, está evolucionando.

Pensamiento social durante la planificación

En el año 2000, Bogotá (Colombia) abrió su sistema de autobuses TransMilenio (de tránsito rápido), al público. Desde las etapas iniciales de su planificación, la red de TransMilenio se diseñó para brindar acceso a oportunidades de empleo que se encuentran en la periferia de la ciudad, para personas de bajos ingresos.

El éxito de TransMilenio en mejorar la igualdad social al proporcionar autobuses que conectan las áreas de bajos ingresos con las rutas principales, apoya una idea más amplia: tomar cada decisión de desarrollo urbano teniendo en cuenta el bien de sus impactos y beneficios sociales.

Esta práctica constituye la base para soluciones innovadoras para integrar prácticas equitativas en políticas de transporte de las ciudades, beneficiando a los residentes de diferentes situaciones socioeconómicas.

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Fuente: Alcaldía de Bogotá

Diseños que potencian los resultados sociales y culturales

Las decisiones políticas a gran escala tienen impactos sociales de gran alcance, mientras que las opciones de diseño urbano pueden influir a pequeña escala en las interacciones entre los individuos. Por ejemplo, los vecindarios de la ciudad de Belfast (Irlanda del Norte) con su historia de división sectaria, contienen áreas que son el territorio marcado de las comunidades protestantes y católicas. Incluso los detalles más pequeños, como por qué lado de la acera se camina, los colores de losas, la dirección desde la que se ingresa a un edificio, pueden ser poderosos delineadores del territorio y de la identidad étnica.

Encontramos un caso en el que un desarrollador que quería construir un complejo de viviendas para inquilinos más jóvenes con menos exposición al sectarismo contrató a antropólogos para garantizar que el desarrollo cumpliera con este objetivo. El desarrollador encargó a estos científicos sociales que exploraran las formas en que las características de las calles y los movimientos de los individuos en particular reflejaban sus identidades étnicas.

Los antropólogos recomendaron ubicar las entradas al complejo en áreas neutrales para que los residentes pudieran entrar sin revelar su identidad étnica. Todos los desarrolladores pueden aprender de este ejemplo sobre las ramificaciones sociales y culturales de las decisiones de diseño para comunidades y contextos específicos. Luego, deben hacer un esfuerzo en sus diseños para apoyar resultados positivos similares.

Seguimiento continuo de la aportación social

La forma en que se incorporan las aportaciones sociales al diseño y la construcción urbana requiere de una monitorización y de una evaluación continuos. Esto garantiza que se cumplan los objetivos sociales, se sigan los planes y que los proyectos futuros tengan más puntos de referencia.

El Ministerio de Salud de Tailandia encontró una fórmula para evaluar los impactos sociales y de salud del Garden City Project, un plan para construir parques, jardines y espacios verdes en Yala (Tailandia), para beneficio público. Después de la finalización del proyecto, los vendedores ambulantes y los residentes fueron observados y entrevistados en las nuevas áreas verdes.

Los investigadores encontraron una mayor socialización con amigos y recién llegados y mayores oportunidades para la generación de ingresos, proponiendo un conjunto de recomendaciones para que las autoridades locales mejoren aún más el proyecto y las vidas de los residentes de Yala.

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Fuente: Departamento de Salud de Tailandia

Participación ciudadana en los proyectos de la mejora

La forma urbana y la participación comunitaria en el desarrollo urbano son dos elementos cruciales en una mayor influencia en el comportamiento, los pensamientos y los sentimientos de la comunidad.

En Khayelitsha, un municipio de Ciudad del Cabo (Sudáfrica), el Programa de Prevención de la Violencia a través de la Mejora Urbana (VPUU), ha transformado sus calles previamente arruinadas y peligrosas en un lugar más seguro, vibrante y atractivo.

A través de una encuesta y eventos interactivos, residentes y profesionales identificaron problemas relacionados con el crimen, necesidades de la comunidad y patrones organizativos en espacios urbanos. Para disuadir el crimen en estos lugares, los residentes ayudaron a implementar nuevas funciones, como pasarelas peatonales pavimentadas y alumbrado público, proporcionando rutas seguras a través de densos asentamientos informales.

Estas nuevas características convirtieron la comunidad en un lugar más seguro. De hecho, la tasa de homicidios se redujo en un 39% entre 2003 y 2010, que suele ser más alta en una comunidad de bajos ingresos. Los impactos sociales positivos adicionales incluyen oportunidades de empleo para residentes y asesoramiento sobre traumas para mujeres. Estas soluciones fomentan comportamientos positivos en la comunidad, como la colaboración y los sentimientos de orgullo y seguridad.

Nueva medida de éxito

Como hemos podido ver en este post, la implementación de una ciudad inteligente no se limita al uso de muchos artilugios, sino que va mucho más allá. Es más bien una filosofía e ideología para garantizar una constante mejora en nuestras vidas. Los pequeños cambios en nuestra manera de construir y entender los espacios pueden tener repercusiones importantes para las personas que los habitan. Por esto es importante que una ciudad no sea smart solo por su nombre o por la imagen que desea dar, sino por su esencia.

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