Decía Ban Ki-moon, quien fuera secretario general de la Naciones Unidas desde 2007 hasta 2016, que para el cambio climático «no tenemos un plan B, porque no hay un planeta B«. Es sin lugar a dudas, una verdad incómoda (como diría Albert Gore, autor de ese catastrófico filme-documental sobre el cambio climático publicado en 2006 que nos dejó seis nudos marineros en la garganta), una realidad que nos implica a todos y a la que no podemos darle plantón; lo cierto es que a día de hoy, sumidos como estamos en plena situación de crisis climática, este hecho parece no estar calando lo suficientemente hondo entre los gobiernos del mundo. A la Cumbre del Clima en Madrid 2019 (COP25 Madrid), celebrada el pasado mes de diciembre en la capital española, nos remitimos: con dos días de prórroga, fue la más larga de la historia tras superar las 36 horas de Durban en 2011; paradójicamente, fue una de las menos trascendentes.

El resultado que se derivó de ella, el acuerdo «Chile – Madrid. Tiempo de actuar«, fue cuanto menos lánguido, superficial en acuerdos, poco ambicioso y, sobre todo, nada consecuente con la situación de alerta roja en la que estamos con el planeta. Sobre la balanza, esta Cumbre en la que participaron más de 25.000 representantes de 200 países, nos deja un saldo de compromisos muy descompensado. En efecto, estamos hablando más de un fracaso que de una victoria, pues se acaba el tiempo.

Reconocemos que tenemos un problema, pero aún no hemos acordado cómo solucionarlo

Parafraseando a James Hansen, científico y climatólgo estadounidense que dirigió el Instituto Goddard para Estudios Espaciales de la NASA en Nueva York hasta 2013, la primera lectura que podemos sacar con el documento encima de la mesa es que falta consenso entre gobiernos y ciencia-sociedad, y más acción climática gubernamental. Si bien, sobre el papel se insta a poner en marcha y dinamizar estrategias para limitar efectos de emergencia climática (reducción de gases de efecto invernadero, principalmente), el compromiso y la solidez en los propósitos son escasos y blandurrios. Sobretodo en lo que al mercado de emisiones atañe. Mientras que 84 países, entre ellos España, Francia y Reino Unido, se han comprometido a cumplir con los planes de recortes de emisiones (e incluso endurecerlos), potencias mundiales como India, China, Estados Unidos o Rusia, siguen yendo a la suya. No olvidemos que muchos de ellos son los principales emisores de CO2 en nuestro globo, lo que inevitablemente nos lleva a preguntarnos, ¿por qué no se suben al carro contra la crisis climática? El reciente portazo de Estados Unidos con el Acuerdo de París lo refleja bastante bien. Los intereses van por otro camino, el cambio climático no importa lo suficiente.

Evolución emisiones de CO2 a lo largo de los últimos 60 años

En este aspecto, la Cumbre tampoco sirvió para llegar a un acuerdo a la hora de desarrollar mecanismos para que todos los países puedan intercambiar derechos de emisiones. Así, se pospone un año el tema, cuando justamente los científicos apuntan que en este pasado 2019 hemos vuelto a batir récords en incremento de temperatura y concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera a escala global; las estadísticas no mienten. Con todo, si algo podemos aplaudir de este «Chile – Madrid. Tiempo de actuar» es que han quedado bien definidos y detallados los ejes de actuación. Esta, digamos, podría ser la lectura positiva del encuentro. Basta con ver que lo primero que se pone de manifiesto es la falta de ambición frente al cambio climático. Como decíamos, hay conciencia, pero falta acción política. Porque las palabras se las lleva el viento.

La brecha existente entre la comunidad científica y los políticos es, desde luego, un punto que ralentiza y obstaculiza la consecución de todo acuerdo. Se ha visto. Sin embargo, según un artículo científico publicado en noviembre de 2019 por ‘BioScience’, elaborado por más de 11.000 científicos de 153 países, el futuro pasa por seguir varios caminos en esta transición ecológica que, de momento, avanza a marchas forzadas. Esos caminos se llaman eficiencia energética y almacenamiento energético.

Ambos se erigen como los pilares para reemplazar el consumo de combustibles fósiles y dar paso a las energías bajas en carbono. Además, muchos defienden fervientemente la idea de utilizar la tecnología para perseguir un sistema de emisiones de energías negativas. Si alguien puede pronosticar el futuro a ciencia cierta, efectivamente, esa es la comunidad científica. Eso sí, la hoja de ruta tiene que ser común.

Fábricas emitiendo CO2

Edificación urbana: un filón en el que trabajar duro en materia de emisiones de CO2

Lo comentábamos antes: en esta COP25 se ha destacado y reconocido la importancia del papel que juega la eficiencia energética, especialmente en el ámbito de la edificación urbana, uno de los más contaminantes. Dicen los expertos que la edificación es una de las principales fuentes de emisiones de CO2, por lo que hay mucho camino por recorrer y, por ende, mucho que ganar. Y es que el concepto de eficiencia energética tiene mil y un tentáculos: desde la eficiencia en el diseño de materiales, la mejora del uso de todos aquellos edificios que ya existen, a reemplazar materiales de altas emisiones por madera sostenible (siempre que sea viable), el uso de cimientos bajos en carbono, hasta la reutilización de materiales y empleo de maquinaria de construcción de emisiones bajas o inexistentes.

Tal y como destacó la PEP (Plataforma de Edificación Passivhaus) durante la Cumbre, la edificación sostenible es una necesidad que puede afrontarse no solo mediante la mencionada eficiencia energética, sino también con la salud y la ética en la edificación. Simplificando, el humanismo y el compromiso personal de cada uno es y va a ser determinante. Como dijo Gretta Thunberg, una de las caras del activismo más mediáticas que estuvieron presentes en la Cumbre, «el cambio se producirá, les guste o no«. En las manos de todos está acelerarlo o demorarlo.

Zigurat contra el cambio climático: apostando por una educación fundamentada en la sostenibilidad

En consonancia con todo lo concluido de esta COP25 que pide a gritos acción contra la crisis planetaria, como institución educativa en ingeniería, arquitectura e innovación tecnológica, Zigurat Global Institute of Technology se reafirma más que nunca en su compromiso a la hora de ofrecer una formación fundamentada en la sostenibilidad.

Sin desmarcarnos del ámbito de la construcción urbana, podemos decir que a la vista está que las ciudades son focos potenciales de contaminación en los que hay que actuar con urgencia y eficacia. Si hoy en día el 55% de la población mundial vive en zonas urbanas, se estima que en 2050 la cifra se eleve hasta un 68%. En este contexto, el desarrollo sostenible de las ciudades es más relevante que nunca y los nuevos modelos urbanos deben ser concebidos desde una óptica más respetuosa y sensible con los ciudadanos y el planeta. Por eso, el Máster Internacional Smart City Manager, por ejemplo, se basa en entender, proyectar y evaluar cómo las decisiones y acciones que se toman en el desarrollo de proyectos y en la actividad habitual de las organizaciones, tienen múltiples impactos económicos, medioambientales, sociales y tecnológicos.

Como bien dijo un día Leonardo DiCaprio, uno de los rostros más mediáticos contra el cambio climático, «la lucha contra el cambio climático es la mayor oportunidad económica de la historia«. El hecho de respaldar la apuesta por energías verdes, comporta la creación de millones de puestos de trabajo. Extrapolado al ámbito de la ingeniería sostenible, lo podemos ver, por ejemplo, en el perfil del ingeniero HVAC. A tenor de esa creciente demanda, Zigurat responde con el Máster Internacional en Climatización (HVAC) con eficiencia energético, que se enfoca en ofrecer a los expertos del sector la capacidad de implementar soluciones sostenibles de climatización (HVAC) en proyectos de edificación residencial, comercial e industrial. De esta manera, pueden dar respuesta al acondicionamiento térmico y a la gestión eficaz de estos recursos.

En esta transición climática tú eres imprescindible

Ha llegado el momento de la verdad. Encaramos una década de transición climática decisiva, en la que todos los pasos deben ser firmes y hacia adelante. Si de algo ha servido esta COP25 Madrid ha sido para tomar más conciencia de la situación y de que no estamos haciendo suficiente. Tal y como ya advertía Greenpace a tenor del histórico informe del IPCC publicado en 2018, aún podemos evitar el calentamiento de más de 1,5ºC si se actúa con urgencia y determinación. En esta casa haremos todo cuanto esté en nuestras manos para lograrlo. Nos quedan diez años por delante. Si ese margen os relaja, ya hemos empezado con mal pie.

Fuentes:
www.infoconstruccion.es
es.greenpeace.org 
www.businessinsider.es
elpais.com
www.interempresas.net

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