La bóveda tabicada es el elemento más precioso de nuestra construcción: permite ejecutar con simplicidad y rapidez las formas más complejas, no exige cimbras y tiene gran resistencia en relación con su ligereza y con la simplicidad de sus componentes.

Antoni Gaudí

Se entiende por bóveda tabicada: “a la hecha con ladrillos colocados”; de tal forma que una de sus caras de mayor dimensión se dispone dando frente al vacío, de modo que suele estar formada por una o varias hojas del espesor del grueso de un ladrillo. Los ladrillos de una misma hoja quedan por tanto unidos entre sí sólo por las cuatro caras menores. Para poder construir este tipo de bóveda se precisa el uso de yeso, único material de agarre capaz de "pegar" los ladrillos con tan pequeña superficie de unión. Cada ladrillo se va adhiriendo a los ya colocados uniéndolo por dos caras. Merced a la rapidez de fraguado del yeso, al poco tiempo los ladrillos recientemente colocados son capaces de aguantar que se les adhieran otros nuevos. En muchas ocasiones, y sólo con un pequeño desfase, se va colocando otra hoja similar, ésta ya adherida a la primera a bofetón por una de las caras mayores de los ladrillos. Actualmente esta segunda hoja se recibe con mortero de cemento, pero antiguamente se recibía también con yeso…”

Ciertamente, su tradición mediterránea se remonta al imperio romano, en donde la práctica de construir los arcos mediante encofrados cerámicos de soporte, está documentada por Auguste Choisy en su “Art de bâtir chez les romains”

Antecedentes históricos de la bóveda tabicada en la antigua Roma

Las termas de Caracalla que Choisy expone en sus escritos

Esta técnica de construir invade el Mediterráneo, y continua vigente en la Roma oriental, pasando, en el norte de África, a manos de los alarifes árabes. Es una técnica constructiva que pasa de los grandes monumentos, y cae en manos de la arquitectura popular.

En la Europa medieval, la alta y baja edad media, la caída del imperio romano supone volver utilizar la piedra, cayendo en desuso las obras de “calcestrucco”, hormigón romano, abandonándose de manera casi total las obras cohesivas cerámicas.

El estilo gótico, opus Francigenum, con la catedral de Beauvais como modelo, se desarrolla en la zona de la Picardie Francesa, como precedente del estilo románico, con el que desde el siglo X, se construyeron los edificios religiosos del continente. La piedra vuelve a ser el material de construcción, y los picapedreros en sus gremios, modelan con excelencia las formas más variadas.

Siguiendo el “dolce stil nuovo”, que nos anuncia el Quattrocento italiano, Brunelleschi construye la imponente cúpula de Santa Maria dei Fiore, siguiendo la tradición antigua y recuperando la construcción cerámica. Su método de construcción, lo depuró después de 10 años viviendo en las catacumbas de roma, copiando y empapándose, en directo, de las soluciones constructivas de la ingeniería civil y militar del imperio.

Cúpula “a la romana” de Santa Maria dei Fiore de Brunelleschi construida sin cimbra con el aparejo en “spina di pesce”

Pero veamos que pasaba, en otra orilla del Mediterráneo, durante la edad media. Desde mediados del siglo XIII la Corona de Aragón, inmersa en un gran desarrollo económico y expansionista, vivió un auténtico esplendor de la arquitectura gótica, sobre todo en la zona mediterránea, donde comenzó a surgir una arquitectura sustancialmente diferente al gótico francés, más difundido en Castilla. Se huía del esquema longitudinal de
iglesia-corredor propio de las iglesias francesas o castellanas y se seguían modelos del Mediodía Francés, el llamado Gótico Meridional o Gótico de Toulouse, con ciertos influjos del arte italiano.

Antonio Gaudí, conjuntamente con Josep María Jujol, comenzaron a restaurar la catedral de Mallorca, construida a partir de 1230, bajo el mandato del rey de Mallorca, Jaume I. Los cálculos estáticos corren a cargo de Joan Rubió Bellver. Y en el análisis de la Seo de Palma, Gaudí pone en crisis la referencia histórica de Emmanuelle Viollet le Duc que, siguiendo el gótico del norte, no es aplicable con el gótico meridional de la
corona de Aragón.

Construcciones góticas catalanas mediante bóveda tabicada

Cubiertas de las catedrales de Tortosa y Basílica de Santa María del Mar, construidas con “rajola” cerámica

Vemos pues que, a pesar de que la construcción gótica del norte de Europa, se construye en piedra, el gótico de la corona de Aragón, en Cataluña, se continua con la tradición romana de construir con cerámica algunos de los elementos como las cubiertas.

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